PARTICIPA Y VIVE, LA EXPERIENCIA DE LA TERAPIA AMBIENTAL


Cuando me dispongo a visitar una casa para realizar una Terapia Ambiental, siempre estoy expectante, un gran júbilo hay en mi corazón por lo que puedo encontrar.
Me aproximo a la casa como el que se acerca a un cofre del tesoro que presagia su valioso contenido, pero a ciencia cierta desconoce lo que de verdad hay en él.
Como un acto litúrgico, donde los emblemas sutiles que vamos a traspasar requieren de una sutileza extrema, el terapeuta del hábitat, junto con alguna de las personas que viven en la casa, inician un ritual donde se conectan desde la profundidad de su SER y desde allí, una vez alineados con el cosmos, nos convertimos en un radar, que capta todo el eco que anida en el ALMA DEL LUGAR, amplificando nuestras capacidades para captar toda la información que allí hay.
Para abrir las entretelas que se ciernen entre las bambalinas de cualquier teatro, se requiere seguir un protocolo.
Consternados por la emoción del viaje que iniciamos, conforme vamos accediendo a la huella energético-ambiental que imprime la casa, va cobrando sentido los sucesos de las personas que allí viven. Comprenden y perdonan aquellas circunstancias que les fueron crueles. Entienden su carácter, sus miedos y el tipo de relaciones afectivas o laborales que ha ido atrayendo a sus vidas y como un enorme puzzle, todo va encajando.
Comienza a tener sentido una realidad oculta entre la argamasa de su vivienda, que quedó constreñida tiempo atrás. Rugen sonidos de otros tiempos, de otras vidas que nos hacen comprender la actuación de otras personas con nosotros, quedando conclusos pactos inimaginables, sanando heridas que en su día, fueron incurables.
El corazón se nos acelera descubriendo rincones donde anidan vestigios de felicidad, imágenes que flotan en el ambiente, de acontecimientos que jamás fueron vistos, pero que se encontraban latentes en los moradores de la casa. Evidencias de un pasado desconocido, clarifican sus anhelos y deseos actuales.
En otro momento de la terapia, se abre la información que cobija la tierra y son las venas que entretejen su peculiar textura, las que recorren el subsuelo permitiéndonos sentir la virulencia con que las placas tectónicas están superpuestas y al igual que espectadores de primera fila, sentimos como resuena su potencial, siendo nuestro cuerpo físico el más dañado por su estruendo.
El dilema sigue en marcha. El terapeuta del hábitat no conoce a las personas que viven aquí, pero llegados al dormitorio principal, sus paredes se muestran indiscretas y sin parar chillan sus acordes más íntimos, las verdades que son necesarias sanar.
Juntos, terapeuta y moradores, propiciamos un acto de infinito Amor, (olvidándonos del resto de casa), para centrarnos en esta sagrada curación. Tal vez sean heridas de muchas vivencias juntos, que hoy son ofrendadas por el amor y canceladas por el auténtico perdón.
El diálogo, que aparentemente no tenía sentido, se va cohesionando y hasta los baños y la cocina circundan bajo criterios de salubridad.
Recuerdos cuelgan en el ambiente, de un enclave totalmente distinto al de ahora. Sentimos una enorme paz, imágenes de monjes cantando se deslizan entre lo que ahora son las paredes de la cocina. La dueña de la casa comenta, que ahora entiende la razón por la cuál, siempre que se enfadaba con sus hijos o con su marido, se refugiaba en la cocina. Al rato de estar aquí, su enfado se diluía, puesto que su espíritu se sosegaba impregnado inconscientemente, del aroma de ese otro tiempo.
En la zona del salón se vislumbran líneas que lo atraviesan, heridas de la tierra a nivel subterráneo que nos definen el tipo de energías que la componen. Cuerpos cristalinos rotos hace miles de años nos fraccionan por dentro, al entrar en contacto con este tipo de terreno. Hasta que logramos paliar al completo cualquier tipo de fisura que emerge desde el subsuelo.
La aventura se nos va acabando y cuando las sorpresas parece que lleguen a su fin, comenzamos a construir una nueva casa, cuya estructura sutil sea de mayor resonancia vibracional, lo que permitirá vivir en una mayor sintonía interna. La vivienda se convierte en un lugar sagrado que no sólo transformará a los que allí viven, sino que reverberará su eco a varios kilómetros a la redonda.
Una enorme emoción es compartida por las personas que han participado en la terapia, pues sus cuerpos perciben la enorme transformación que registra su vivienda, el cúmulo de cualidades que cinceladas entre sus paredes van limpiando y potenciando cada rincón. Mas tan sólo nos queda el broche final, otorgando de códigos energéticos a la casa, cada uno de ellos cumple una función.
Ahora constatamos que el bienestar es total, el fin de fiesta donde se ha realizado una terapia ambiental, en cada casa es diferente.
Es un momento álgido el cierre de este trabajo energético, hay alegría por doquier y una onda expansiva de amor y felicidad se arraiga, a la vez que constata la enorme sanación personal y del lugar, que se ha ido producido.
Mi fuero interno estalla en agradecimiento y un caudal de enorme alegría brota de mi corazón, la felicidad y el sentimiento de haber sido privilegiada por ver y comprender, los misterios en que se entreteje el universo.

Antea (Marien Carrión Codoñer)

Terapeuta del Hábitat y Decoradora Sensitiva

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